bruma navideña.bytino
32.añoro el sosiego y la calma
Tanta palabrería absurda daña mis oídos que no
encuentran el silencio y la calma en ninguna parte. Tanta sapiencia ilimitada e
hiperactiva, sobrepasa con creces mi aprendizaje sosegado y sin prisas. Llegan
sin cesar oleadas de información (casi siempre para sembrar el horror o la
pena), con imagen y sonido, distorsionada, adictiva, amable, corrosiva,
malvada, destructiva, sincera, triste, cruel, apenada, lasciva… a mi simple e intrascendente vida. No alcanzo a entender el
porqué de las ansias obsesivas por la fama, la belleza, la riqueza y el poder, en
este mundo humano sin sentido, que camina a ninguna parte, o tal vez, al abismo
de su inminente extinción; sin detenerse a observar ni un solo instante, la
esencia pura del lugar en el que habitan.
Ejércitos de
humanidad, robotizados al antojo de unos líderes sin alma, para construir sus
imperios, o almacenar sus fortunas en paraísos fiscales cotizando siempre al
alza; esos que impregnan en los oídos de dóciles y soñadores, la hipnosis de la
lengua, la historia, la cultura, la tierra… y, no dudan en emplear el
incontestable poder de las armas de destrucción masiva o, de las que matan en
silencio, sin una simple, insignificante, y letal bala; a otros ejércitos de
espectros inofensivos, mucho más numerosos, tan humanos como los otros,
viviendo en su infinito delirio de
tristeza y de pobreza, en el que se han visto abocados, obligados por la
humanidad robotizada de líderes perecederos con fecha de caducidad pero, con
el poder de la hipnosis en sus ojos, la sapiencia hiperactiva en sus cerebros,
y las armas destructivas en sus manos, para conseguir las riquezas ocultas de esos corazones inofensivos, y hacer que mueran, olvidados e ignorados, en su
propia tierra de riquezas incomestibles, lamiéndose los mocos y comidos por
las moscas.
Y así, los insensibles encantadores de la debilidad humana, saciarán
el hambre de los incontables medios de comunicación que alardearán de noticias
e imágenes exclusivas las veinticuatro horas del día, para sembrar de mentiras
y promesas absurdas de sobremesa, al ejército imperial robotizado, y dañar mis
oídos que no encuentran el camino del silencio en ninguna parte con tanta
palabrería dulce y pastosa, intentado conseguir mi atención, mi voto, mi
dinero, mi voluntad, y todos mis datos personales para desnudarme ante el mundo,
aireando sin sonrojo, hasta mis más íntimos sueños.
Hipnotizado, e idiotizado… añoro el sosiego y la
calma.
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