naturaleza invernal.bytino
34.magia divina
Como por arte de magia, aparece la nostalgia de un
tiempo pasado en el que, tocar teclas era casi un arte musical. Olvidadas como
reliquias en el baúl de los recuerdos, las máquinas de escribir se asemejaban
a un instrumento sonoro en las manos, donde los dedos danzaban de tecla en
tecla, casi bailando al son de su melodía. Hoy en día, la tecla táctil y
digital ha conseguido aglutinar a ejércitos incontables de millones de dedos
que se deslizan sobre ellas, suavemente, casi sin hacer ruido, como caricias
melancólicas contemplando la pantalla, con sus inseparables emoticonos de
risitas, corazones, guiños o lagrimitas, a un ritmo trepidante de envío, recibo,
reenvío y vuelta a enviar, recibir y reenviar.
La magia de la cinta de tinta de doble color (negra
y roja) se ha convertido en reliquia para coleccionistas del olvido. Ahora
cualquier “chiquillo” lleva la oficina en su bolsillo y maneja las veintisiete
letras, diez números y todo lo demás de la imprenta virtual, en un mini-teclado
adosado a su máquina del tiempo, con tanta rapidez que las palabras se
transforman en jeroglíficos, convertidos en inventos, para agudos talentos.
Se teclea y se teclea, en la burbuja personal,
aislados del mundo banal; concentrados en el sonido de entrada, o en la tecla
de salida. Y es que, con la pantalla hechicera en nuestras manos, nada existe
alrededor que nos pueda arrebatar el cosquilleo que nos aísla en la isla del
placer. Un placer que se diluye fuera de la nube inteligente, si nuestro
interlocutor aparece de repente, caminando hacia nosotros, por la acera de
enfrente, cuando acabábamos de enviarle un wasap que alucinas, y esperábamos
ansiosos su respuesta alucinógena. En ese preciso momento, los dedos se
paralizan, la lengua se apelmaza, el cerebro se atrofia, y las palabras
enmudecen cuando desaparece de nuestros ojos, nuestra pantalla hechicera.
Sin teclado virtual,
nada es normal; el mundo balbucea incoherencias sin sentido, y se siente
perdido en el recuerdo desvanecido del golpeo a la cinta de tinta (negra y roja)
con sus teclas danzarinas, escribiendo la música celestial de su… magia divina.
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