lunes, 5 de diciembre de 2016

por el viento



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28.por el viento


Si pudiera elegir un deseo que se cumpliera, elegiría ser compañero del viento por un día. Un solo día. Para ver pasar la vida apacible siendo brisa o convirtiendo un mar en calma, con su soplo, en un temible escenario rugiendo enfurecido. Seguir su estela y volar entre montañas, acompañar el curso de los ríos, danzar en mares de olas inmensas, mecer la hierba en los prados o, hacer susurrar selvas y bosques... Ver pasar el mundo frente a mis ojos en diapositivas, como álbum de bellezas y desastres sin poder detenerme para juzgarlos. El viento no se detiene. Ulula y grita, acaricia y azota. Desata su furia en huracanes de castigo, o regala su sonrisa de aire fresco. Se desliza por los senderos y rendijas de la vida y sale de ella silencioso, sin despedirse, dejando atrás historias inacabadas o relatos interminables grabados en el tiempo para continuar su camino.
Un solo día a su lado me bastaría para comprender lo dulce y lo amargo de las cosas desde lo intangible de su existencia. Se escucha y se siente, se teme y se desea. Pasa invisible, sin rostro ni expresión que lo delate. Mece las hojas y los corazones regalando ternura, o desgarra y destruye rabioso, sin compasión, orgullos desmesurados y malicias arrogantes ante la impotencia humana que cree eternas sus creaciones alucinantes y sus miserias aberrantes.
Ante el viento todo es efímero. Él marca el tiempo y el olvido, pone límites a la vida y a los sueños, borra fronteras y estados porque él es quien abraza al mundo con ternura o quien lo oprime hasta dejarlo sin aliento. Nos da el respiro o el ahogo, el suspiro o el castigo, es música celestial o ruido estruendoso que atormenta. Es el pulmón de la vida, es el beso que se desea mirando al mar con los ojos cerrados, es la caricia en la piel hasta el final del camino deseado. Hoy elegiría ser compañero del viento por un día y hacer respirar al mundo en la calma que ha perdido. 
Somos viajeros del tiempo cargados de sueños y deseos fugaces transformados en tormentos, y enterrados para siempre... por el viento.

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