viernes, 2 de diciembre de 2016

la eternidad del Universo




un paraíso terrenal.bytino


26.la eternidad del Universo



Aquella luz bajaba del cielo como bruma que aparece de repente. Sentado, con la espalda apoyada en las piedras del puente, contemplaba asombrado, como la luz se acercaba lentamente hacia él. Ese lugar oscuro, apartado de la ciudad, donde solo podían verse las lucecitas en movimiento de una alejada autopista, ahora se convertía en el lugar más iluminado del planeta. Era como si empezara la función del mayor espectáculo del mundo en el teatro de los sueños y él fuera el artista principal de la obra. Todos los focos y las miradas estaban pendientes de su aparición en el escenario.
Hacía meses que había tenido que abandonar la habitación que ocupaba en una pensión de mala muerte. El motivo no fue otro que la falta de dinero. No pudo pagar el alquiler desde hacía varios meses. Su vida se convirtió en un mundo de desesperación que no podía ir peor. Abandonado por su mujer y sus continuos caprichos, sin poder mantener el ritmo de gastos en su casa, los de su mujer y los de sus dos hijas mayores de edad, que no tenían ninguna intención de emanciparse y mucho menos de trabajar, sino todo lo contrario, vivir de su esfuerzo y "a la sopa boba". Los gastos no paraban de acumularse: coche, seguros, hipoteca... imposibles de soportar después de un año sin empleo.
Ahora se encontraba allí, bajo unos cartones para protegerse del frío en esa noche gélida de invierno. Su casa convertida en un rincón bajo un puente. Sus pertenencias, la ropa vieja que llevaba puesta y unos zapatos con la suela desgastada que hacían que sus pies siempre estuvieran helados. Los bolsillos vacíos y por compañía los roedores y animalitos nocturnos que acostumbrados a su presencia, hacía tiempo que habían dejado de olisquear y curiosear entre los cartones que le protegían del frío.
Siempre fue un hombre alegre, con ganas de vivir, querido por todos los que le conocían. Una persona amable y positiva, dispuesto a ayudar cuando se le necesitaba. Pero esos momentos habían desaparecido en la lejanía. Conoció la tristeza, la más profunda, la que más duele, la del rechazo y el olvido. Su vida ahora era un simple agujero negro de interminable caída.
Tuvo que taparse los ojos con las manos para evitar aquella luz que le cegaba. Intentó ver algo entre las rendijas de sus dedos. No consiguió ver otra cosa que la intensa luz que caía sobre él. Lo que si notó es que su cuerpo perdía la gravidez; flotaba. Los cartones que le cubrían cayeron hacia los lados mientras se elevaba inmerso en la luz que lo inundaba todo. Subía más y más. Creyó estar soñando, o tal vez que su triste vida había terminado por fin.
Tras un instante interminable, entre el miedo y la esperanza, oyó cerrarse las puertas. Ante él un cielo inmenso de tenues azules, nubes blancas de algodón y millones de estrellas brillando como luciérnagas, salpicaban ese cielo hasta perderse en el horizonte de su visión. Casi sin darse cuenta, la luz se convirtió en claridad. Se vio rodeado de seres transparentes donde todo parecía una caricia incesante. Sus voces eran susurros, dulces susurros. El blanco y azul inmaculado del lugar, se fundía en la transparencia de los seres que le hacían sentirse tan bien.
Ya no recordaba nada de su pasado, era como si nunca hubiera perdido su casa y su familia. Esos seres le rodeaban con sus tiernas caricias y sus dulces voces. Esa era su casa y su familia, era su paz y su descanso ¡Sí! pensaba: "mi descanso eterno".
Al fin pudo oír con claridad los susurros.
—"No temas nada, eres un alma buena y pura. Tu cuerpo mortal descansa en la tierra. Ven con nosotros. Te espera… "la eternidad del Universo". 

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