un paraíso terrenal.bytino
26.la eternidad del Universo
Aquella luz
bajaba del cielo como bruma que aparece de repente. Sentado, con la espalda
apoyada en las piedras del puente, contemplaba asombrado, como la luz se
acercaba lentamente hacia él. Ese lugar oscuro, apartado de la ciudad, donde
solo podían verse las lucecitas en movimiento de una alejada autopista, ahora
se convertía en el lugar más iluminado del planeta. Era como si empezara la
función del mayor espectáculo del mundo en el teatro de los sueños y él fuera
el artista principal de la obra. Todos los focos y las miradas estaban
pendientes de su aparición en el escenario.
Hacía meses
que había tenido que abandonar la habitación que ocupaba en una pensión de mala
muerte. El motivo no fue otro que la falta de dinero. No pudo pagar el alquiler
desde hacía varios meses. Su vida se convirtió en un mundo de desesperación que
no podía ir peor. Abandonado por su mujer y sus continuos caprichos, sin poder
mantener el ritmo de gastos en su casa, los de su mujer y los de sus dos hijas
mayores de edad, que no tenían ninguna intención de emanciparse y mucho menos
de trabajar, sino todo lo contrario, vivir de su esfuerzo y "a la sopa
boba". Los gastos no paraban de acumularse: coche, seguros, hipoteca...
imposibles de soportar después de un año sin empleo.
Ahora se
encontraba allí, bajo unos cartones para protegerse del frío en esa noche
gélida de invierno. Su casa convertida en un rincón bajo un puente. Sus
pertenencias, la ropa vieja que llevaba puesta y unos zapatos con la suela
desgastada que hacían que sus pies siempre estuvieran helados. Los bolsillos
vacíos y por compañía los roedores y animalitos nocturnos que acostumbrados a
su presencia, hacía tiempo que habían dejado de olisquear y curiosear entre los
cartones que le protegían del frío.
Siempre fue
un hombre alegre, con ganas de vivir, querido por todos los que le conocían.
Una persona amable y positiva, dispuesto a ayudar cuando se le necesitaba. Pero
esos momentos habían desaparecido en la lejanía. Conoció la tristeza, la más
profunda, la que más duele, la del rechazo y el olvido. Su vida ahora era un
simple agujero negro de interminable caída.
Tuvo que
taparse los ojos con las manos para evitar aquella luz que le cegaba. Intentó
ver algo entre las rendijas de sus dedos. No consiguió ver otra cosa que la intensa
luz que caía sobre él. Lo que si notó es que su cuerpo perdía la gravidez;
flotaba. Los cartones que le cubrían cayeron hacia los lados mientras se
elevaba inmerso en la luz que lo inundaba todo. Subía más y más. Creyó estar
soñando, o tal vez que su triste vida había terminado por fin.
Tras un
instante interminable, entre el miedo y la esperanza, oyó cerrarse las puertas.
Ante él un cielo inmenso de tenues azules, nubes blancas de algodón y millones
de estrellas brillando como luciérnagas, salpicaban ese cielo hasta perderse en
el horizonte de su visión. Casi sin darse cuenta, la luz se convirtió en
claridad. Se vio rodeado de seres transparentes donde todo parecía una caricia
incesante. Sus voces eran susurros, dulces susurros. El blanco y azul inmaculado
del lugar, se fundía en la transparencia de los seres que le hacían sentirse
tan bien.
Ya no
recordaba nada de su pasado, era como si nunca hubiera perdido su casa y su
familia. Esos seres le rodeaban con sus tiernas caricias y sus dulces voces. Esa
era su casa y su familia, era su paz y su descanso ¡Sí! pensaba: "mi
descanso eterno".
Al fin pudo
oír con claridad los susurros.
—"No temas nada, eres un alma buena y pura. Tu cuerpo
mortal descansa en la tierra. Ven con nosotros. Te espera… "la eternidad del
Universo".
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