jueves, 24 de noviembre de 2016

en nuestro cielo privado




amanecer en canduas.bytino


19. en nuestro cielo privado


Ciego, deslumbrado ante los potentes rayos de luz frente a mis ojos, caigo sin fuerzas; agotado, con la boca seca, los labios pegados, la cara y los brazos quemados por el sol. Sin aliento intento arrastrarme sobre la arena. Vislumbro entre las cataratas que me ciegan, la silueta borrosa de una palmera. "¿Será un espejismo?, ¿el espejismo del delirio final?".
Centímetro a centímetro, avanzo contra el viento que con furia azota la arena, haciendo que se claven como agujas los diminutos granos en mi cara. Con los párpados cerrados, maldiciendo mi suerte, arrastrando mi propio cuerpo casi inerte, abrazo mi último suspiro de muerte.
La vida pasó en un fugaz instante. Mi más corto tiempo de felicidad vivida. "¿Por qué lo bueno es tan efímero?" Quise hacer eterno mi amor por ti, quise darte mi mundo y mi alma a cambio de tú alegría. Casi lo consigo. Bebimos juntos de las fuentes de nuestros corazones. Probamos la esencia de nuestros labios. Hicimos privado nuestro propio cielo escondido entre las nubes del Paraíso. Solo un amor como el nuestro podría regalar tanta belleza en sus miradas.
Fue ese maldito cielo de nubes oscuras y tenebrosas el que rompió el hechizo. Nuestro viaje de placer estrellado en los confines del infierno. Allí quedó tú silueta, entre el amasijo de hierros de la nave, con una sonrisa dibujada en tus labios. Solo, herido, vencido, muerto en vida, con todas esas almas viajeras rodeándome entre sus brazos de niebla, acariciando mi cara y sonriéndome entre muecas de tristeza. Muertes danzarinas a mi alrededor. "¿Por qué solo yo?".
Mis fuerzas desaparecieron entre la noche y el día. Frente a mí, mezclada con las imágenes dantescas de susurros, súplicas y gritos de terror convertidos en espectros, veo un oasis salvador. Necesito la tibieza del agua en mis manos, en mi rostro quemado, en mi cuerpo cansado y dolorido. Arañando la arena, intento avanzar arrastrándome con los codos y empujando con los dedos de mis pies descalzos. Me deslizo centímetro a centímetro y, al llegar, solo hay un espejo; un espejo de agua en el que se refleja mi cara y, también la tuya sonriéndome. Me arrodillo y acerco mi mano intentando tocarte, y te alejas de mí, desdibujada entre las ondas del agua. Caigo sin fuerzas de espaldas sobre la ardiente arena y miro al cielo encendido; también en él se dibuja tú sonrisa. Tu luz me abraza y me guía, hasta las nubes de nuestro paraíso.
Nuestro viaje será eterno. Solos tú y yo para siempre… en nuestro cielo privado.

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