ocaso atlántico.bytino
12. marioneta
Quiero
creer en ti cuando me dices que sueñas conmigo. Pero tu mirada te delata. Miras
a mis ojos y te veo vacía mientras me hablas con palabras huecas que resuenan perdiéndose
en los valles profundos de tu mundo inalcanzable, como eco en mis oídos.
Desearía
creerte cuando me enredas en tus sonrisas, pero sé muy bien, que tu mirada esquiva
y oscura, delata el camino del engaño.
Nunca se
alejan de mí, los momentos de pasión que vivimos juntos. Escenas imborrables de
ternura que terminaban ahogando el tiempo para convertirlo en insignificante.
Fueron nuestros interminables días de pasión y desenfreno. Tú dirigiste la
trama de nuestra historia. Manejaste los latidos de mi corazón que, como
marioneta enamorada, danzaba al son de tus sonrisas; de tus preciosos ojos, de
tu silueta sublime, de tus caricias, de tu piel de seda. Al final, me ahogabas
en el pozo de tu perfume, me encarcelabas en la celda de tus esencias y, por
fin, me derramaba en los placeres de tus jardines, una y otra vez, hasta que
dejabas de mover los hilos de mi locura. Fui tuyo, desde el día en que me bañe
en las aguas tibias de tus labios.
Quisiera
creerte cuando dices que sueñas conmigo. ¡Qué iluso! Me rendí a tus encantos, y
ahora, soy incapaz de no desearte, de no pensar en ti ni un solo instante.
No consigo
olvidar, aunque lo intento, la lujuria y el placer dibujados en tus ojos. Allí
estabas, cabalgando como amazona experta en una montura desconocida sobre las
llanuras blancas en las que tanto nos amamos. Volví tras mis pasos alejándome
de las arañas que se adueñaban de mi corazón traicionado, tejiendo las
telarañas que me hacían prisionero del odio y de la venganza.
“He soñado
contigo”, me dijiste al volver.
Ahora te
miro, tendida y sensual en la cama; en esas mismas sábanas blancas impregnadas
por el éxtasis de una noche de aventura apasionada y traicionera. Juegas pícara
y atrevida con mi corazón entregado, y me dejo llevar, embrujado por el hechizo
de tu sonrisa, de tus caricias, a través de los senderos de la dulzura y la
belleza que me regalas.
¡Qué importa un paseo por los mundos prohibidos del
deseo! Me dices que sueñas conmigo, y yo, quiero seguir siendo tu sueño, aun
sabiendo que también soy... tu marioneta.
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