16. poderosas
Un día me
dijo: "Me gustaría ser una estrella brillante como las de ahí
arriba".
—Pero... si
tú ya eres la estrella que más brilla aquí abajo. —Le contesté.
—¡Déjate de
tonterías! Aquí solo brillo para ti. Allí brillaría para el Universo y el mundo
entero podría contemplar mi resplandor y mi belleza.
—Tu cabecita
sigue tan llena de pájaros como cuando te conocí. Eres adorable, por eso me
gustas. Lo terrenal es muy poco para ti. Cada vez estoy más convencido, que
viniste a La Tierra desde un planeta lejano para alegrar mi existencia. Nunca
te enfadas, siempre sonríes, me cuentas historias asombrosas de tu imaginación
viajera por los confines de las galaxias y me haces sentir un extraño en este
mundo simplón donde las neuronas del cerebro se sustituyen por un material
amorfo, sintético, frío y tétrico llamado "chip". Dime entonces, ¿por
qué quieres que estos degenerados insensibles a su propio pensamiento,
contemplen tu resplandor y tu belleza ahí arriba?
—Muy
sencillo. Es un poco egoísta por mi parte, pero es que, aun siendo como somos,
los seres más fuertes e inteligentes del planeta, me gustaría llamar la atención
y no pasar desapercibida; ignorada por los todopoderosos que nos observan desde
arriba, como si fuéramos insignificantes "bichitos" a los que se
puede eliminar con un simple pisotón. ¡Y no me digas que no piensas lo mismo
que yo!
—No olvides
que en lo pequeño y diminuto está la esencia de la vida. Pero, visto así, no
puedo negar que tu deseo es loable, exótico y hasta envidiable. No sé cómo lo
haces, pero siempre me convences. Ahora, también yo tendré que soñar con ser
una estrella brillante, como las de ahí arriba.
Dicho esto, nos miramos con ternura, subimos a una
hoja seca al lado del río, la deslizamos hasta el agua, y nos dispusimos a
cruzarlo, junto a todo un ejército subido a miles de hojas secas que nos
acompañaban en busca de más comida para almacenar en nuestro nido durante el
largo y duro invierno. A nosotras, nunca nos faltará el alimento. Eso lo saben
muy bien las estrellas, porque las hormigas somos soñadoras, incansables y…
poderosas.

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