viernes, 25 de noviembre de 2016

es probable




camino de luz.bytino


20. es probable



Si consiguiéramos convencer al viento de que fuera siempre brisa. Al sol de que sus poderosos rayos no quemaran los desiertos. A nosotros mismos de aplacar nuestros deseos y nuestras ansias para hacer que el planeta fuera siempre un remanso de paz, ¿sería este un lugar más agradable? Quizás. Es probable.
Todos alguna vez hemos pensado en cómo hacer que la vida fuera un poco más alegre y llevadera, cambiando cosas, de esas de las que a alguien de nuestra propia especie se le ocurrió hacer, para que fuesen más bien enrevesadas, equivocadas, para complicarlo todo un poquito más. Yo pienso (sí, a veces pienso), que eso debería de ser así, pero el de al lado, opina lo contrario y ¡no digamos los demás! Con lo cual, alcanzar una misma conclusión es como querer ganar una maratón corriendo a la pata coja. Hay tal disparidad de opiniones en las decisiones que se termina claudicando y haciendo lo de siempre, "borrón y cuenta nueva".
Decidir en una reunión de comunidad de vecinos (que en muchos casos, somos cuatro gatos maullando), quien se ocupa de cambiar una bombilla que se ha fundido, puede ser, en medio de un gallinero, una tarea imposible. Se empieza hablando de la bombilla y se termina poniendo verde al de arriba porque no para de tirar cosas al de abajo, del ruido al arrastrar las sillas, del volumen tan alto de la tele, de que la lavadora no se debe poner a las once de la noche, ni taladrar las paredes a las doce o montarse una "fiestecita" en el piso de madrugada.
—¿Y las colillas?, ¿quién tira las colillas en la escalera? 
—¿Pero tú de que hablas, si debes dos recibos a la comunidad? No tienes derecho a quejarte de nada.
Al final la bombilla se ha olvidado y seguirá fundida hasta la próxima reunión y el vecino de arriba, seguirá jugando a las canicas con su hijo hasta las tantas, mientras su mujer practica el “zapateáo” porque se acerca la Feria de Abril; para alegría del vecino de abajo que se come las uñas desquiciado de los nervios.
La función comunitaria nunca acaba. Nos encantan los "tejemanejes", que quiere decir algo así como "yo tejo, tu manejas y él jode todo lo que nosotros nos traíamos entre manos". Es algo complicado de descifrar, pero autentico, como la vida misma.
En cierto ocasión (y sin venir a cuento), me topé con un "casi amigo" y el muy listillo, por aquello de la amistad, no dudó ni un segundo en pedirme una cantidad de "pasta" por, según él, encontrarse en un serio aprieto.
—¿Se puede saber de qué se trata? —le pregunté.
—Verás, es algo delicado —me contestó.
—¿Y bien…? —dije yo, esperando saber más.
—Bueno, no sé cómo decírtelo. Es que... tengo... tengo una querida.
—¿Una querida?, —le respondí asombrado, como si no lo hubiera oído perfectamente.
—Pues sí. El problema es que me he excedido en los regalos y las "atenciones" y tuve que solicitar un préstamo al banco. Además, a ella le avalé en otro que pidió para la compra de un coche. El caso es que me quedé sin trabajo y no puedo hacer frente a mi préstamo y ella tampoco al suyo, por lo que me van a exigir el aval y me voy a encontrar con dos préstamos sin poder responder a ninguno de ellos.
—¡Joder amigo! ¿Y de que te van a servir los mil euros que me pides?
—De mucho, te lo aseguro. Mi mujer se ha enterado de todo y me ha puesto de "patitas" en la calle. La querida no deja de exigirme atenciones y aportaciones. Como podrás comprender, mi única salida, es "salir volando". Subirme a un avión y perderme en "la conchinchina". Pero, prometo devolvértelos. Te haré una transferencia,  te los enviaré desde donde esté; en cuanto empiece a salir a flote, claro.
El caso es que, nunca volví a ver a ninguno de los dos. Ni a él, ni a los mil euros. Pero aprendí algo de mucho más valor que el dinero que voló... aprendí, a no mear nunca fuera de tiesto. Y si por casualidad se me ocurriera,  lo haría en uno que fuera "baratito" y "sin avales". Pero pensándolo bien, mejor ni en broma, por si acaso le cojo el gustillo.
Deberíamos conseguir convencer al viento de que siempre fuera brisa. A nosotros mismos de aplacar nuestros deseos y nuestras ansias. ¿Sería éste un lugar más agradable? Quizás… es probable.

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