martes, 22 de noviembre de 2016

mi historia

escenario para soñar.bytino


18. mi historia


Si cruzas la línea que separa la lucidez de la locura, perderás la cordura y convertirás tu vida restante en una inútil desfachatez andante.
Por ese motivo tan tonto, me da miedo no ser lo suficientemente lúcido y quedar atrapado en la mediocre imbecilidad de la red inalámbrica, en el vaivén táctil de las teclas entre los dedos. Pero, por otra parte, ser cuerdo permanentemente no es precisamente mi referente. Se pierde la gracia, la elegancia y lo sorprendente.
Quizás sea el motivo por el que he decidido dejarme llevar por los sentidos surgidos del momento. Unas veces olor, otras tacto, algunas olfato, en ocasiones por lo que mis pupilas observan o simplemente por los cantos de sirena que llegan danzarines alegrando mis oídos. Los sentidos frente a los sinsentidos.
Para todo hay un corto tiempo preciso, precioso, perfecto. El tiempo es corto, como la manga de un chaleco, o como el éxtasis, o como el deseo. Al comenzar las andanzas por la vida, el tiempo parece inmerso en un mar de lodo donde los pies nunca avanzan, o lo hacen tan lentamente que es desesperante el conseguir llegar al lugar o el momento deseado, a crecer unos centímetros, a afeitarse, a tener carné de identidad que refleje la mayoría de edad. Llegaremos, ¡claro que llegaremos! Una vez conseguido, el júbilo, la fuerza, la vitalidad, la juerga y jarana hasta por la mañana, parecerán no tener nunca fin.
Será una simple ilusión pasajera. Una estación sin peaje. Continuaremos nuestro frenético viaje que se diluirá con la primera cana, desde donde partirán los más bellos recuerdos de la juventud pasada, se irán forjando con rapidez meteórica los recuerdos del presente deseado y los del futuro envejecido.
Volaran los minutos, las horas, las semanas, los meses y los años. Aquello que parecía no tener pinta de acabar jamás, resultará que es, sin más, lo que siempre hemos oído: "un abrir y cerrar de ojos". Abrimos los ojos y casi sin darnos cuenta escribimos nuestra propia historia, viendo como frente a nosotros mismos cruzan como una flecha fugaz, miles de hechos acaecidos, buenos, malos o intrascendentes. Y, de repente, se cerrarán de golpe, como una pesada puerta, sin llave que nos permita volver a entrar.
Todo quedará perfectamente archivado: "Nacimiento, niñez, adolescencia, madurez, vejez y... adiós para siempre en la eternidad", como un vulgar pasajero invitado a las estrellas o a las ascuas del infierno.
¿Qué prefieres?, ¿pasear por las blancas nubes del cielo?, o tal vez, ¿el jolgorio y desenfreno sin descanso entre las llamas y la lava de las profundidades terrestres?
Me pido eso mismo que estás pensando.
No pienso convertirme en una desfachatez andante; me quedaré plantado sin cruzar la línea de la lucidez, hasta el final de… mi historia. 

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