escenario para soñar.bytino
18. mi historia
Si cruzas la
línea que separa la lucidez de la locura, perderás la cordura y convertirás tu
vida restante en una inútil desfachatez andante.
Por ese
motivo tan tonto, me da miedo no ser lo suficientemente lúcido y quedar
atrapado en la mediocre imbecilidad de la red inalámbrica, en el vaivén táctil
de las teclas entre los dedos. Pero, por otra parte, ser cuerdo permanentemente
no es precisamente mi referente. Se pierde la gracia, la elegancia y lo
sorprendente.
Quizás sea
el motivo por el que he decidido dejarme llevar por los sentidos surgidos del
momento. Unas veces olor, otras tacto, algunas olfato, en ocasiones por lo que
mis pupilas observan o simplemente por los cantos de sirena que llegan
danzarines alegrando mis oídos. Los sentidos frente a los sinsentidos.
Para todo
hay un corto tiempo preciso, precioso, perfecto. El tiempo es corto, como la
manga de un chaleco, o como el éxtasis, o como el deseo. Al comenzar las
andanzas por la vida, el tiempo parece inmerso en un mar de lodo donde los pies
nunca avanzan, o lo hacen tan lentamente que es desesperante el conseguir
llegar al lugar o el momento deseado, a crecer unos centímetros, a afeitarse, a
tener carné de identidad que refleje la mayoría de edad. Llegaremos, ¡claro que
llegaremos! Una vez conseguido, el júbilo, la fuerza, la vitalidad, la juerga y
jarana hasta por la mañana, parecerán no tener nunca fin.
Será una
simple ilusión pasajera. Una estación sin peaje. Continuaremos nuestro
frenético viaje que se diluirá con la primera cana, desde donde partirán los
más bellos recuerdos de la juventud pasada, se irán forjando con rapidez
meteórica los recuerdos del presente deseado y los del futuro envejecido.
Volaran los
minutos, las horas, las semanas, los meses y los años. Aquello que parecía no
tener pinta de acabar jamás, resultará que es, sin más, lo que siempre hemos
oído: "un abrir y cerrar de ojos". Abrimos los ojos y casi sin darnos
cuenta escribimos nuestra propia historia, viendo como frente a nosotros mismos
cruzan como una flecha fugaz, miles de hechos acaecidos, buenos, malos o intrascendentes. Y, de repente, se cerrarán de golpe, como una pesada puerta,
sin llave que nos permita volver a entrar.
Todo quedará
perfectamente archivado: "Nacimiento, niñez, adolescencia, madurez, vejez
y... adiós para siempre en la eternidad", como un vulgar pasajero invitado
a las estrellas o a las ascuas del infierno.
¿Qué
prefieres?, ¿pasear por las blancas nubes del cielo?, o tal vez, ¿el jolgorio y
desenfreno sin descanso entre las llamas y la lava de las profundidades
terrestres?
Me pido eso
mismo que estás pensando.
No pienso convertirme en una desfachatez andante;
me quedaré plantado sin cruzar la línea de la lucidez, hasta el final de… mi
historia.
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