lunes, 28 de noviembre de 2016

felicidad



moras gallegas.bytino


23.felicidad


Rememorando tiempos pasados, me envuelvo en mi disfraz de aventurero dicharachero, y recuerdo con nostalgia aquellos días en los que lo pasé fatal; luchando contra viento y marea intentando evitar ser “tocado y hundido”, deseando encontrar lo que buscaba y viendo cómo se alejaba cada vez más de mis dedos dormidos. Llegué incluso a rozarlo, pero se burlaba de mí sin compasión; una y otra vez, haciendo que me sintiera el más fracasado de los buscadores de deseos perdidos.
Mi aventura consistía en conseguir un sueño, sí; el sueño definitivo que cualquier aventurero sueña: llenar mi corazón de amor y pasión, y mis bolsillos  de diamantes o, billetes de quinientos euros. Quería llenar mí corazón con el amor de la chica más despampanante que solo en sueños se puede uno imaginar. Y mis bolsillos, que siempre andan llenos de agujeros, una vez zurcidos, llenarlos con el tesoro más deslumbrante que me proporcionara todos mis deseos materiales anhelados durante mí desapercibida existencia. Esos tesoros que siempre andan escondidos tras un escaparate, disfrazados de anuncio en la tele, o plasmados en cualquier revista para el disfrute de mis ojos, pero tan inaccesibles a mis manos y a mi cuenta corriente, cómo la chica despampanante del sueño.
Ese era el plan, pero resultó que mi gran aventura de almohada, se quedó en...  casi nada.
Ahora rememoro esos tiempos pasados y me parto de risa hasta que se me saltan las lágrimas. Sí, porque creí ser un patético y fracasado aventurero en busca de deseos inalcanzables, y al final resultó que lo conseguí sin necesidad de disfrazarme de pirata intrépido con pata de palo y garfio incluidos, irresistible a las damas.
Hay dos formas de alcanzar la suerte: ser más rápido que ella y llegar a tiempo al lugar donde se esconde o, plasmándola dentro de unos cuadritos con números.
Un día me acerqué a la administración de loterías y sellé un boleto.
Hoy ya no sueño. Don dinero es el mago de los deseos que aparecen ante mí, rodeados de sonrisas peloteras. Puedo comprar cualquier cosa que desee y hasta procurarme una vida saludable, relajada, confortable, feliz...  Ahora mi vida puede ser, solo con desearlo, un empacho de felicidad.
¿Quién fue el besugo que dijo?: "el dinero no da la Felicidad".
Pues yo diría que: "el dinero hace que la Felicidad te pida salir con ella". Esa tal Felicidad no es tan difícil de conquistar cuando estás forrado, te lo aseguro.
¡Que iluso! Todo resultó ser un segundo sueño que, como un intruso, se coló en el primero y principal. Mi consuelo es, que durante ese ratito del "sueño ocupa", conseguí conquistar a la señorita Felicidad, que no es otra cosa que, una chica despampanante y elegante, forrada de pasta hasta las orejas y con un deportivo que quita el hipo y, te convierte al verla, en un asombrado bobo dispuesto a ser su esclavo si te lo pide.
Digo yo: Qué demonios vería en mí, para volverse loca por mis huesos. ¿Por qué habré dicho "huesos"? En ese mismo momento, la chica bombón, se transformó en un perro grandísimo que me miraba como si yo fuera su comida de lata preferida, a punto de engullirme.
Es lo que tienen los sueños; no son fáciles de interpretar ni controlar. No tardé en abrir los ojos. Me levanté sobresaltado y sudoroso después de no parar de correr desesperado por los callejones de la ciudad, hasta conseguir despistar al "chucho" hambriento que me perseguía.
Menos mal que desperté. Fui al lavabo para refrescarme la cara y librarme del sueño peludo de cuatro patas. Al mirarme al espejo... allí estaba, justo detrás de mí. Era ella, la chica despampanante del deportivo y... ¡como Dios la trajo al mundo! No me lo podía creer. Yo soñando con una maravillosa chica como la del espejo y, resulta, que habíamos dormido en la misma cama y, ¡quién sabe si algo más!
A eso le llamo yo, un despertar feliz. Ves, no es tan difícil conquistar a la preciosa y soñada Felicidad. Bonito nombre, ¿verdad?
Y, no se te ocurra preguntarme si aún sigo soñando, porque si así fuera, ¡ni loco! quiero despertar ahora que abrazo, bajo las cálidas sábanas de mi cama, a la chica más bella y seductora que siempre había deseado, y que me adora… Felicidad.

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